True Blood.

Durante dos semanas estuve completamente dedicada a ver las cinco temporadas de True Blood que me debía. No salí a ninguna parte (ay, como si saliera mucho), no vi películas y ciertamente ni pasé por este blog. Es increíble cómo algo que me gusta consume tanto de mi tiempo.

¿Cuál era mi historia con True Blood? En el 2011 hubo un paro demasiado largo en la U, así que me dediqué a ver harta serie. True Blood estaba entre esas series, igual que Entourage, HIMYM, Misfits y The Walking Dead. Con el tiempo, seguí sólo con las dos últimas y me vi la primera temporada de True Blood, nada más. Pero el amor por Alexander Skarsgård era un cuento aparte y se volvió más fuerte después de verlo en un par de películas, sobre todo en “What Maisie Knew”; hasta me dieron ganas de tener una hija. Ya era hora de recuperar el tiempo perdido con True Blood.

La serie se trata de una de las cosas que comencé a odiar hace unos años: vampiros. Toda esa onda Twilight y The Vampire Diaries de romantizar tanto a estos tipos… qué fome. True Blood se trata más o menos de lo mismo, jaja. Lo bueno es que tiene personajes secundarios súper buenos, como Lafayette, Tara, Jason, Sam (que es un cambiante, onda, se transforma en cualquier animal) y la serie igual es graciosa y tiene harto misterio. Por ahí se ganó mi corazón. Siendo bien honesta, las dos últimas temporadas no son tan buenas como las cuatro primeras, pero cuando te encariñas con los personajes, sigues no más; pasa con todas las series.

Me gustó haberme dado el tiempo de ver True Blood. Si hablamos superficialmente, pude ver todo lo que quise a Alexander Skarsgård y ahora lo que más quiero es que nos vayamos a vivir a Suecia. Más seriamente, creo que me reconcilié con el género vampírico; me faltaba verlos más rudos y crueles y eso es también otra cosa entretenida de la serie. A veces pienso que sería bacán ser un vampiro: sólo sales de noche, la gente te tiene miedo y vives para siempre. No hay tanto de qué quejarse.

My name is Claudia and I’m an addict.

Mi vida ha sido un constante paso de una adicción a otra. Voy de serie en serie, de película en película, de actor en actor, de banda en banda y que creo que nunca podré dejar ese ritmo. Siempre siento que necesito ver algo, hablar de algo, obsesionarme con el tema o mis días no tienen sentido. No le encuentro gracia a una rutina en donde no pueda ver al menos una película o un capítulo de alguna serie o escuchar una par de canciones que no hubiese escuchado antes. Mi adicción no tiene solución y eso me hace feliz.