Lo que nunca me había pasado.

Venía en el segundo asiento de la micro cuando un viejo curado intentó toquetearme y fue tan evidente que ni el chofer ni los pasajeros me ayudaron. El viejo culiao se sentó al lado mío; primero me apretó contra la ventana y empezó a acercar las manos. Me paré altiro y no me dejaba salir. Cuando levanté la voz, los pasajeros cacharon, “oh mira, no la deja salir”. Y no hicieron nada. El viejo empezó a hacerse el dormido y tuve que empujarlo para poder sentarme en otra parte; después me empezó a gritar “te voy a matar, te voy a tirar del cerro pa’ abajo” y tonteras así. El chofer sólo miraba, los pasajeros también. No me pasó nada afortunadamente, pero me siento toqueteada y sucia. Qué asco no poder estar tranquila ni en una micro. Qué asco que todavía pasen cosas así y sentirte tan vulnerable. Qué ganas de acabar con el acoso callejero. Qué ganas de hasta ser como Crespita Rodríguez y sacarle la cresta a estos hueones, porque parece que sólo así aprenderán a respetar a las mujeres.